El universo creativo de Oskar Benas va más allá de los confines conocidos y se expande al margen de ámbitos previsibles, nada más lejos de ese consumismo insubstancial tan consecuente con lo último de lo último. Su obra, con sus luces y sus sombras, es una fuente inagotable de conocimiento, generadora de emociones y fundamento de relaciones interpersonales imperturbables y eternas.